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Ataque al HMS Glamorgan, la última
víctima del Exocet. Las tropas inglesas avanzan hacia Puerto
Argentino en búsqueda de la batalla final.
Durante los días 11 y 12 de Junio algunos navíos ingleses se
disponían sobre las costas malvinenses, para cañonear a las tropas
argentinas. Estas intentaban responder los ataques con disparos de
cañones, pero éstos quedaban fuera de servicio por el uso excesivo
y el recalentamiento.
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Emplazamiento del
misil Exocet MM-38 |
El día 12 de Junio se emplazó un
trailer con los accesorios de un misil EXOCET MM38 (buque - buque)
extraídos de la corbeta ARA Guerrico; fue modificado y su puntería
reglada con el radar Westinghouse de la FAS.
Se esperaba muy sigilosamente el paso
de buques ingleses y como su amplitud de tiro estaba limitada a
solo unos pocos grados, era necesario esperar que una nave pasara
por su mira de disparo. Así ocurrió ese día a las 03:15 hs, el
objetivo: el destructor HMS Glamorgan.
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Destructor HMS
Glamorgan |
DISPARO DEL MM-38:
Una vez que el buque estaba en punto de lanzamiento, el
misil fue disparado. Su trayectoria errante se niveló al detectar
el blanco. Se estabilizó y, a gran velocidad, se acercó a su
objetivo. El Glamorgan, que había detectado su disparo, intentó
denodadamente interceptarlo con el disparo de misiles SEA CAT,
pero era demasiado tarde. Intentó lanzar los señuelos CHAFF, que
tampoco pudieron frenar el inminente impacto. Habiendo recorrido
ya una distancia de 35 km aproximadamente, dio en la popa.
Fallecieron 13 tripulantes y
resultaron heridos de consideración una veintena de ellos. A pesar
de los destrozos considerables en su estructura, el Glamorgan, fue
el único de los navíos tocados por un Exocet que ha sobrevivido.
EXPLOSION:
Según información brindada por fuentes británicas el Exocet
impactó en el Glamorgan, pero no explotó. Se afirma que la
explosión se debió a un helicóptero Wessex, que al entrar en
contacto con el fuego, se incendió. Lo cierto es que, si explotó o
no, no es hoy en día un hecho certificable. No obstante el
destructor de su Majestad quedó fuera de combate.
INTENTO FALLIDO:
El disparo del día 12, no había sido la primera intención de
lanzar al MM-38. Lo cierto es que, desde el día anterior se
avistaron naves británicas que merodeaban por las costas. Ninguna
de ellas pasó por la mira de disparo del Exocet. La víctima
llegaría un día después.
Exocet MM-38, en misión de alto secreto:
"Instalación de Tiro Berreta"
FUENTE: diciembre de 1988 / Revista
MALVINAS
Son indudablemente numerosas las
situaciones en que los argentinos, por falta de medios adecuados
se vieron presisados a apelar al ingenio: esa facultad del
espíritu que permite discurrir e inventar.
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Instalación de "tiro berreta"
del misil Exocet MM-38 |
En este caso de la guerra, muchos lo
hicieron aún a riesgo de su propia vida, es decir, exponiéndose en
el mismo campo de batalla y sin tener una seguridad objetiva en el
terreno de los resultados. Podía ser como no podía ser. Pero hubo
que estar allí para comprobarlo.
Es el caso del EXOCET MM-38, un misil
que tenía nuestro país al tiempo del conflicto, pero que había
sido concebido exclusivamente para lanzar desde un buque contra
otro buque.
Es el Exocet Mar-Mar: en todo el mundo
existían estas poderosísimas armas, pero solo para combate en el
mar.
En el Estado Mayor argentino se
planteaba entonces un problema muy serio: cómo contrarrestar la
acción de los buques ingleses, que constantemente cañoneaban sobre
Malvinas y causaban enormes daños. No había medios para evitar que
esos buques -por la noche a salvo de nuestra aviación- batieran
permanentemente a los defensores de las islas.
Una de las ideas que surgió fue la
posibilidad de sacar toda la instalación de Exocet MM-38 de un
buque y trasladarla a un trailer o camión para poder, desde esa
instalación improvisada, efectuar un lanzamiento. Se estudió el
caso de inmediato.
Pero la conclusión frustró la idea: se
necesitaban alrededor de dos meses para extraer el misil y su
compleja instalación de un buque. La guerra estaba ahí, en plena
marcha (era principios de mayo de 1982).
Los buques británicos continuaban su
ataque nocturno sistemáticamente. No se podía esperar dos meses.
La idea original quedó descartada. Pero no en el olvido, porque un
grupo de marinos -entre los que se encontraba el capitán Julio
Pérez- solicitó autorización para seguir estudiando el asunto y
ver que tipo de solución era factible. Ese grupo obtuvo vía libre
del Estado Mayor Naval y continuó trabajando, día y noche, en el
taller de misiles de Puerto Belgrano. La cuestión central era cómo
"engañar" al misil, de tal modo que en lugar de utilizar la
computadora que tiene que enviar datos e intercomunicarlos con el
Exocet, se utilizará una señal fija, como si estuviera en un
buque. Eso evitaría el traspaso de toda la instalación de una
nave, de alta complejidad técnica, y permitiría un lanzamiento
desde tierra. Algunos hubieran pensado que era un innovación
tecnológica propia de "locos", que solo a los argentinos se les
podía ocurrir semejante intento con tan escasos medios y tan
escaso tiempo.
Pero fue así, tal cual. Se les
ocurrió. El mismo capitán Pérez recuerda ahora que se presentó
entonces una situación algo cómica, "porque cortábamos cables
-dice- y probábamos señales mediante cablecitos, y estos
cablecitos se juntaban con otros para simular otras señales, y
estas otras eran aplicadas con pilas, y así obteníamos,
sucesivamente, indicios, marcas, signos que nos permitían
reconstruir un sistema. Este trabajo nos llevó cuatro días, a
partir de la segunda semana de mayo. Al cabo de numerosos ensayos,
llegamos a la conclusión, casi fantástica, de que sí, podíamos
engañar al misil". La novedad fue comunicada entonces al jefe de
Arsenal, Julio Degrange, quién de inmediato brindó todo el apoyo
necesario para llevar adelante el invento. Aparentemente resuelto
el problema del reemplazo del sistema computarizado del buque,
había que resolver el problema de la plataforma de lanzamiento.
Como no podía ser de otra manera (al igual que los múltiples
cablecitos utilizados para el sistema de computación), en este
caso también se utilizaron elementos precarios. Se le
suministraron al capitán Dávila todas las especificaciones
técnicas de lo que se necesitaba con alimentación eléctrica, y él
empezó a construir la parte mecánica: una rampa de lanzamiento con
grupo electrógeno. Para ello, al estilo argentino ante las
emergencias, tomaron un chatón y sobre él armaron una estructura
de hierro, de tal modo que sobre esta "plataforma" se pudieran
instalar dos misiles Exocet MM-38.
QUE ERA EL ITB?
"Estábamos encerrados -cuenta el
capitán Pérez- en una habitación, con dos tipos excepcionales
cuyos nombres quiero recalcar: los técnicos Torelli y Shugt, y
allí trabajábamos día y noche, en el más alto secreto. Nadie sabía
lo que estábamos haciendo, excepto los que debían saberlo.
Recuerdo que inventamos una sigla para identificar nuestro
trabajo: ITB. De ese modo, para todo el mundo estábamos "en el ITB",
que significaba ni más ni menos que INSTALACION de TIRO BERRETA,
casi una broma. Es que resultaba casi ofensivo para la ingeniería
concebir sobre todo hacer algo así, tan improvisadamente, con
injertos, pedazos de cosas que conseguíamos por ahí... cablecitos...
Lo cierto es que nadie podía entrar a esa habitación, y de ella
salíamos alguna que otra vez para ir al buque y probar. Así
experimentábamos." La resolución de la plataforma inercial no fue
un problema menor. Debía estar perfectamente centrada porque
cualquier desasierto o impresición haría que el disparo fuese muy
alejado del blanco. Todo berreta, es cierto: pero todo mínima y
detalladamente previsto y controlado.
Una semana después estaba casi listo:
la rampa, el grupo generador (con un motor monstruo, pero era lo
único que había en ese momento) y la parte electrónica. Se
hicieron entonces una serie de pruebas: alrededor de 20
lanzamientos sucesivos, con distintos parámetros. El nuevo invento
parecía caminar. Aquello que hacía días resultaba imposible ahora
estaba ahí: era un tremendo armatoste, feo y repulsivo a la vista,
pero con el poder de los Exocet, cuya eficacia desde el aire ya
había sido suficientemente demostrada. Se le dio una mano de
pintura, se lo cubrió con lona, todo en el mayor secreto. El
siguiente paso era trasladarlo a las islas. Se habló con Fuerza
Aérea, que dispuso dos aviones Hércules. Sólo el chatón pesaba
seis toneladas, y cada misil mil ochocientos kilos. Con el ITB,
una criatura mortífera para neutralizar el incesante bombardeo
inglés, viajaba su "papá": el capitán de navío (ingeniero) Julio
Perez.
Una vez en Malvinas, se coordinó con
el almirante Otero los lugares donde instalar los "mamotretos".
Pérez y los tenientes Mario Abadal y Edgardo Rodríguez vieron que
la única posibilidad era el camino que unía Puerto Argentino con
el aeropuerto.
Era el único lugar que podía soportar
semejante peso en forma estable. Una de las dificultades fue
disimular ante los kelpers lo que se estaba preparando. Ya por
entonces (primera semana de junio) se sabía que muchos de ellos
podrían informar de la novedad a los ingleses, de modo que se optó
por trabajar en el ITB de noche. Otra dificultad que hubo que
superar fue la obtención precisa de la distancia de los buques
británicos. No había un radar apto para este cometido, de manera
que hubo que improvisar también esto, con un radar antipersonal de
Ejército que operaba el ex-oficial de marina Ríes Centeno. "El
radar daba información de una manera, y nosotros la
necesesitábamos de otra -cuenta el capitán Pérez-. De modo que nos
construimos tablas de cálculo con una calculadora manual, y
convertíamos los datos en determinados valores de tensión,
ajustando cada potenciómetro a simuladas distancias o valores
angulares". Todo se hacía a mano, sobre la marcha; todo a pulmón y
de puro corazón. Mientras tanto, el bombardeo inglés, obviamente,
no cesó. Se estaba sobre el final de la batalla, de modo que el
ostigamiento británico crecía.
Intento Fallido
Ultimados todos los detalles y
obtenida la primera información de dos buques ingleses, se realizó
el primer disparo. El misil no salió, tal vez porque los sacudones
del ITB desconectaron un cablecito de los tantos instalados
improvisadamente. Esa misma noche se realizó el segundo disparo.
Esta vez el Exocet partió, pero completamente desviado del blanco.
Sucedió que no se había esperado el tiempo suficiente entre el
lanzamineto de un misil y el otro (20 minutos). El capitán Pérez
reconoce que la ansiedad de hacer impacto y darle a los ingleses
hizo que el tiempo de disparo entre uno y otro le pareciera "un
siglo".
Y sólo habían pasado ocho minutos.
Pero, por primera vez en la historia, se había logrado el disparo
de un Exocet concebido de un buque a buque y disparado desde
tierra. Los ingleses dijeron después que los argentinos habían
recibido información de los franceses. No es verdad. Además, este
sistema con el MM-38 no había sido inventado entonces ni siquiera
en Francia.
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Diagrama de lanzamiento del Exocet |
Pero la historia no termina ahí.
Después del segundo intento fallido, pasaron varias noches de
tensa espera: Por una extraña razón -tal vez no tan extraña,
claro-, los buques ingleses comenzaron a hacer una trayectoria
errática y, en general, no entraban en la zona de alcance del ITB
(38 kilómetros). A veces estaban al alcance del misil, pero no del
radar (30 kilómetros).
Danza India
"Entonces sucedió una anécdota
-recuerda Pérez-. Los técnicos Abadal y Rodríguez me decía en
broma que bailáramos una danza al estilo de los indios
norteamericanos en sus películas, cuando pedían lluvia, por
ejemplo. Tendríamos que bailar una danza india alrededor del
mamotreto para atraer a los buques ingleses.
Insistían con eso, y las noches
pasaban. Los buques no se acercaban. Pero seguían disparando.
Hasta el 11 de junio, por la noche, todo en secreto, los tenientes
Abadal, Rodríguez y yo bailamos el clásico "uca" "uca" alrededor
del ITB. Esa noche le dimos al Glamorgan". Así empezó la noche del
11 al 12 de junio. Se produjo un largo cañoneo británico y a las 3
de la madrugada el radar captó a un buque, en alejamiento. El
capitán Pérez decidió lanzar su invento. Lanzaron. En medio de
tanta oscuridad, se vio la estela del Exocet que se perdía en el
mar. A los pocos segundos pudo verse que en las nubes se reflejaba
una enorme explosión que iluminó toda la línea del horizonte. El
impacto argentino dio en plena popa, sobre la banda de babor, de
la fragata "Glamorgan": una de las que, durante el conflicto,
atacó más incesantemente a los argentinos. La dejó fuera de
combate, con lo cual se cumplía a la perfección el objetivo
específico del Exocet. La "Glamorgan" nunca más volvió a atacar.
Tan positivo fue este invento de los argentinos, que hoy en día
los propios ingleses lo instalaron nada menos que en Gibraltar.
Algunos sostienen que lo copiaron, porque toda la estructura del
ITB quedó en las Malvinas después del 14 de junio.
El radar del ITB
Una de las personas que sabía a la perfección por dónde pasaban
los buques ingleses todas las noches fue el ex-marino Carlos Ríes
Centeno, quien estaba en Malvinas en su condición de director y
productor del programa nacional de TV "La Aventura del Hombre." Lo
sabía porque, a poco de su llegada, obtuvo del teniente coronel
Balsa permiso para utilizar un radar antipersonal "Rasit", con el
que podía captar, en forma visual y auditiva, la ubicación de cada
nave de la flota inglesa, hasta 30 kilómetros. Como sabemos, esas
naves hacían sistemáticamente el trabajo nocturno de bombardeo a
las posiciones argentinas en las islas.
De noche, nuestros aviones no los
podían ver. De día los buques se alejaban lo suficiente como para
quedar fuera de alcance. El Bombardeo inglés fue, pués, una
verdadera pesadilla contra la cual parecía imposible hallar un
remedio Hasta que apareció el ITB.
Con toda su improvisación, la llegada
del equipo del capitán Pérez alentó serias esperanzas de
contrarrestar el implacable bombardeo británico. Por supuesto:
esto indicaba que ni por entonces (primeros días de junio) de
pensaba en una rendición.
Lo cierto es que el radar de Ríes
Centeno se integró al sistema del ITB, y se integró de tal forma
que resultó vital: sabía por donde pasaban los buques y podían
calcular las distancias, de tal modo que, con la calculadora
manual y previos cálculos a mano, se llegaba a hacer el trabajo
que hace una computadora en el barco de instalación original.
Ríes Centeno recuerda que, para evitar
la información satelitaria (además de la posible de los kelpers),
todos los días el equipo se tomaba el paciente trabajo de instalar
el "mamotreto" en sus distintas facetas: a partir de las seis de
la tarde, en una camioneta destartalada, se comenzaba con el
radar; media hora después llegaba un remolque con la rampa de
lanzamiento, apuntada con el rumbo 180 Sur; después llegaban los
conteiners de los misiles, luego el grupo electrógeno, etc.
A partir de las 20:30 hs
aproximadamente, estaba todo calibrado y comenzaba a operar el
sistema íntegro.
"El mayor peligro -cuenta Ríes
Centeno- eran los helicópteros. Los neutralizamos con protección
antiaérea de misiles SAM 7, provistos por los comandos del capitán
Menghini. Así llegamos a la noche del disparo, luego de intensas
búsquedas y esperas. A eso de las 03:00 hs de la mañana del 12 de
Junio, a una distancia de 29.600 metros, detectamos un blanco.
Era un barco que había bombardeado
duramente las posiciones del BIM 5. Transmití la información de
distancia, en metros, y rumbo, en milésimos, al teniente Abadal.
El, con una calculadora Hewlett Packard manual, convertía el
informe en datos electrónicos y se los pasaba al capitán Pérez,
quien los operaba en los instrumentos de control del ITB, que
guiaban el lanzamiento. Así lanzamos el Exocet, y lo filmamos. Una
vez que mi radar dio los datos, yo salí corriendo hacia una loma
y, desde allí, junto con Angel Libonatti, Jorge Sanders y Osvaldo
Marino, registramos por primera vez en la historia el rumbo de un
Exocet lanzado desde tierra, su trayectoria y luego el impacto en
la "Glamorgan".
En ese momento en las islas, se
escuchó una ovación, como en un estadio de fútbol. Yo me encontré
abrazado, llorando, junto al capitán Pérez. Al fin le dimos, al
fin le dimos! Era el sentimiento de todos. Y en ese instante sentí
algo terrible que aún ahora lo siento: me di cuenta del tremendo
daño que causaría el Exocet, de cuántas vidas... Sin embargo, no
sentí que matábamos gente. Matábamos ingleses. Supongo que así se
debe pensar en la guerra. Por lo menos yo pienso así, aunque me
doy cuenta que es terrible."
Ataque con misiles Exocet
A principios de mayo de 1982, el
Estado Mayor Naval analizó la posibilidad de emplear misiles
Exocet MM-38 para detener la acción de los barcos de guerra
británicos, que sistemáticamente efectuaban un persistente cañoneo
naval nocturno sobre las posiciones argentinas.
Como dichos misiles están diseñados
para el combate entre buques (mar-mar), se encomendó al capitán
Julio Pérez y un grupo de colaboradores de Puerto Belgrano, que
desarrollase los equipos que permitieran lanzar dichos Exocet
desde instalaciones terrestres de las Malvinas.
Para llevar a cabo esta empresa, sin
antecedentes en el mundo, había que vencer numerosas dificultades.
El tiempo necesario para desmontar los
misiles y su compleja instalación de un buque era demasiado
grande, considerando la urgencia en detener el bombardeo naval.
Por lo tanto, debió prepararse todo un
sistema nuevo que fuese transportable; compuesto por un
dispositivo que simulase las señales eléctricas de control que la
verdadera computadora de a bordo enviaba al misil en su montaje
original, una plataforma inercial de lanzamiento terrestre, un
sistema de detección del blanco, un carretón para transportar los
misiles y un grupo electrógeno para proveer la alimentación
eléctrica.
Esta serie de equipos debieron
fabricarse velozmente, utilizando los componentes normales que
pueden hallarse en un taller naval, lo que ocasionó que la
instalación resultase mucho mas grande que lo necesario.
Finalmente el personal técnico, los
equipos descriptos y los contenedores de los misiles llegaron a
Puerto Argentino el 31 de mayo a bordo de aviones Hércules.
Rápidamente el Apostadero Naval
Malvinas comenzó a colaborar con el proyecto. Se instalaron los
equipos en la calle que se encontraba frente al mismo, disimulando
su presencia con sistemas de enmascaramiento. Los componentes se
dispersaron y se ubicaron lejos del lugar de lanzamiento, para que
en las imágenes que tomaban los aviones y satélites no se
descubriera lo que se estaba preparando. Se ordenó el mas estricto
secreto sobre la operación, pues se tenía la sospecha de que los
kelpers enviaban información a los británicos. Asimismo se dispuso
una estricta guardia sobre los equipos, pues constituian un
apetecible blanco para un ataque de comandos enemigos.
Analizada la situación, se llegó a la
conclusión de que el armado de la instalación misilística debía
comenzarse al anochecer con el mayor sigilo y que el mejor sitio
para emplazar la plataforma de lanzamiento era en el camino que
atravesaba el istmo que vinculaba la penísula del aeropuerto con
el resto de la isla, como puede verse en el plano respectivo.
Para obtener información precisa de la
ubicación de los buques a batir, se disponía de un radar
antipersonal del Ejército. Los datos que brindaba el mismo debían
convertirse en determinados valores de tensión, que se ajustaban
con potenciómetros para lograr la correcta programación del misil.
Para lograr un lanzamiento exitoso
debían cumplimentarse una serie de pasos que pasamos a describir.
En primer lugar, alrededor de las
18:30 se instalaba el radar y la plataforma inercial de
lanzamiento, que por pesar 6.000 kg demandaba casi una hora de
trabajo para poder ser nivelada, ubicada en la dirección correcta
de disparo y afirmada con sus zapatas de fijación, dado que estas
maniobras se realizaban utilizando sólo la fuerza muscular de los
conscriptos del Apostadero.
Luego, cerca de las 20:00 arribaba el
carretón con los contenedores de los misiles y una grúa
autopropulsada que se usaba para levantar los contenedores, que
pesaban 1.800 kg cada uno, y ubicarlos sobre la plataforma de
lanzamiento, después de lo cual se los fijaba a la misma.
Finalmente, alrededor de las 20:30
llegaba el grupo electrógeno y se procedía a realizar el cableado
de todos los equipos. Una vez verificada la instalación, se
arrancaba el grupo electrógeno y así quedaba todo listo para el
disparo de los Exocet MM-38.
A partir de entonces había que
aguardar que alguno de los buques que realizaban el bombardeo
nocturno, pasase por delante de la instalación misilística. De no
ser así, se desmontaba todo antes de que amaneciera.
El 1 de junio se presentó la primera
oportunidad. En el primer intento falló la ignición del propulsor
del misil, por causas que no pudieron determinarse. Rápidamente se
preparó el disparo del segundo misil, que partió con una
trayectoria incorrecta por errores originados en el apuro de
efectuar el disparo antes de que se aleje el barco enemigo.
En los días siguientes se suspendieron
las operaciones por falta de misiles. Recién el 5 de junio un
Hércules trajo dos nuevos Exocet desde el continente. A partir de
entonces, todas las noches se repetía la maniobra de armado de la
instalación, espera de la presa y posterior desmontaje. El autor
de esta página participó de esas largas noches de tensa espera, en
las cuales los barcos enemigos no se dignaban a cruzar la línea de
tiro.
Finalmente el 12 de junio se presentó
la ocasión largamente esperada.
Esa noche el radar detectó que un
buque británico había ingresado en la zona de alcance de los
misiles. Rápidamente se ejecutaron todos los pasos para el disparo
del Exocet, que esta vez salió correctamente orientado e impactó
en el blanco luego de algunos minutos que parecieron
interminables, originando un gran resplandor que aseguraba el
éxito obtenido. Esta acción quedó grabada por Carlos Ríes Centeno,
productor del programa de televisión "La aventura del hombre", que
a la sazón operaba el radar antipersonal.
Según pudo saberse meses mas tarde de
fuentes británicas, el barco alcanzado era el HMS Glamorgan y el
impacto fue recibido en la popa del mismo, pues su oficial de
guardia ordenó una oportuna maniobra de giro a estribor al ver la
estela del misil que se acercaba, evitando así que el impacto se
produjese en el centro del barco.
Según esas fuentes, en la acción
murieron 13 personas y 22 resultaron heridas. El buque no se
hundió pero quedó fuera de combate, por lo que no pudo volver a
atacar las posiciones argentinas.
El éxito logrado tuvo una amplia
repercusión en los altos mandos navales de todo el mundo. Después
de la caída de Puerto Argentino, los británicos realizaron un
profundo análisis de la instalación misilística que quedó en las
islas, asombrándose de que con esos medios improvisados se haya
logrado poner fuera de combate a un navío de guerra tan poderoso.
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