El
SM. (R) Pedro César Bazán relata la exitosa misión que
consistió en la recuperación de heridos que se
encontraban en la Base Ten. Calderón
Suboficial Mayor (R) Pedro César Bazán
“Durante la segunda quincena de abril de 1982 se
organizó la Sección Operativa de Búsqueda y Salvamento
(SOBS) con la finalidad de rescatar a pilotos
eyectados en combate. Para ello, se sumaron
a los aviones ya asignados, un Twin Otter T-82
perteneciente a la IX Brigada Aérea y un Fokker F-27.
El 24 de mayo a las 09: 24 despegó la Escuadrilla
“Oro” compuesta por tres Mirage M-V Dagger desde San
Julián, Santa Cruz. Al finalizar su misión, los “OROS”
debían informar por radio el resultado y emprender el
regreso. Pero transcurrido el tiempo equivalente al
consumo total de combustible de un avión de esas
características, se activó la alarma para la SOBS del
comando de la Fuerza Aérea Sur.
Se investigaron los mensajes radiales y se
interrogaron a las unidades en tierra, sin resultados
positivos. Horas después, personal de la Armada
Argentina informó que la Base Ten. Calderón había
encontrado a “Oro 3” quien dijo haber visto a otro M-V
mientras era alcanzado por un misil.
Al día siguiente, enviaron un escueto
mensaje: “Oro 1 ha llegado”. Se trataba del mayor Luis
Puga que también fue alcanzado por un misil a 25 Km.
mar adentro, distancia que debió cubrir nadando luego
de verse obligado a abandonar el equipo de
supervivencia.
Se realizaron varios intentos
por llegar a la base Ten. Calderón pero sin éxito y la
salud de los heridos empeoraba. El 28 de mayo se
planificó un vuelo con dos aeronaves, un T-82 Twin
Otter y un Fokker 27, la primera realizaría el rescate
sanitario y la otra actuaría de distracción y apoyo.
Al día siguiente, el T-82 con el indicativo “Romeo 1”
despega rumbo a Malvinas. La tripulación estaba
formada por el primer teniente Marcelo Uriona, el
teniente Omar Poza y yo, Pedro Bazán, que era cabo
principal, mecánico de aeronave.
Al aterrizar, detuvimos el avión con los motores en
reverso al máximo, quedando junto al cráter de una
bomba rompe pista. Esta maniobra produjo tanto ruido
que era indudable que todos los ingleses de las Islas
sabían de nuestra llegada.
Rápidamente, apareció junto al avión el
mayor Puga ordenando el abandono del aeronave porque
estaban explotando bombas con espoletas de retardo que
sembraron una hora antes los aviones Harrier. Me vi
corriendo con una ametralladora
Halcón de 9mm que me golpeaba la espalda y un botiquín
de primeros auxilios en los brazos, ¡cómo pesaba!
Entramos en una turbera kelper que
hacía a la vez de refugio
antiaéreo. Barbudas caras sonrientes nos daban la
bienvenida y preguntas de todo tipo se amontonaron en
nuestros oídos mientras se extendían muchas manos para
estrechar las nuestras. No había distinción de arma ni
jerarquía.
En la base Calderón esperaban ser evacuadas 17
personas, pero al enterarse de que sólo podríamos
llevar a cinco, se hizo un silencio total. Pronto se
estableció el manifiesto de pasajeros: tres pilotos de
FAA, tres pilotos de la Armada, y un soldado infante
de marina.
La
puesta en marcha se hizo eterna, en especial para los
evacuados que vivieron momentos muy traumáticos en las
islas y no tenían la seguridad de que el avión que los
estaba rescatando pudiera salir de allí. Fueron diez
minutos de espera de un posible ataque aéreo,
bombardeo naval, de premoniciones funestas que
desorbitaban los ojos en esa oscuridad tratando de
adivinar un movimiento extraño fuera del avión.
Para asegurar el despegue, el piloto acelera a pleno
parado sobre los frenos, la aeronave salta rugiendo
sus motores en el silencio absoluto de la turba
malvinense. Pero aun así, en la corta carrera de
despegue, no se obtiene la velocidad de rotación. Un
frío primer teniente Uriona empuja los comandos
saltando en caída libre al oscuro vacío y así,
obtiene
la velocidad necesaria para el vuelo y nivela el avión
cerca del agua.
Durante 40 minutos ambas aeronaves se alejan rumbo al
continente. Por el navegador Omega sabemos de la
cercanía del continente pero ningún patagónico
enciende su luz. Cuando de pronto efectuamos la
comunicación con el Aeródromo Deseado: ‘Romeo 1
prosiga, a cinco minutos de su vertical, autorizado
directo’. Volvimos a casa, concluyendo así nuestra
misión”.
